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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera):A UN AÑO DE LA REPRESIÓN/ CARTA ABIERTA: Por una tierra sin condenados

La Comunidad Qom Potae Napocna Navogoh (La Primavera)
hoy miércoles 23 de noviembre de 2011
se encuentran todxs lxs hermanxs
en la RN 86
(de mensaje de texto de Eduardo Díaz, hijo de Felix Diaz)
FORMOSA
Argentina
A UN AÑO DE LA REPRESIÓN

CONVOCATORIA HOY MIÉRCOLES 23 DE NOVIEMBRE 2011
a las 17.30hs
En la PLAZA de la RESISTENCIA de los PUEBLOS ORIGINARIOS
Av, 9 de Julio y Av, de Mayo
Ciudad de Buenos Aires
Argentina








A UN AÑO DE LA REPRESIÓN
LAS PALABRAS DE HERMANOS WICHI


Fuente: Comunidad la Primavera

Imágenes Prensa Libre Pueblos Originarios
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CARTA ABIERTA/10
Por una tierra sin condenados

En medio de las grandes esperanzas, sucede nuevamente el penoso acontecer de la sangre derramada. El asesinato de Cristian Ferreyra es un hecho de inconmensurable gravedad. Afecta nuestras vidas no sólo porque nuestras vidas son de por sí afectadas por una memoria bien conocida, sino porque en cada una de estas muertes inocentes surge a bocanadas el signo de una historia irresuelta e injusta.

Son muertes inocentes no porque en estos luchadores no haya alguna vez un hierro candente en la mano o un puño que se cierre sobre una piedra. Son inocentes porque son muertes que nos siguen diciendo que una porción enorme de la historia argentina, ni siquiera en esta época propicia, consigue tener un balance templado y equitativo. Esta época no ha sido esquiva en generar justas reparaciones. Por el contrario, sus políticas tienen el signo de una cabal apuesta por la ampliación de la igualdad. Por ello mismo, debe ser propicia para mencionar estos hechos que le son extraños o anómalos.

Ferreyra es un nombre que surge de un anonimato tranquilizador, pero es el nombre de las cosas referidas al hierro, que de repente nos recuerda que somos mortales, seres precarios, que sólo tenemos nuestra muerte para representar toda una época entera con un fogonazo inesperado. Vivimos en ese sentido, todavía, en una época de hierro o con disyuntivas de hierro. Ferreyra, que era un militante de un movimiento social de autodefensa campesina, representa una larga historia.

Es una historia que remonta por lo menos al siglo XVII, donde las comunidades indígenas cuyos nombres nos son vagamente familiares o desconocidos –cacanes, calchaquíes, ologastas, lules, vilelas, capayanes, famaifiles, fiambalás, colozacanes, andalgalás, quilmes, pacciocas-, podían entrar en guerra entre sí, aliarse de diversas maneras a los españoles o protagonizar sangrientos levantamientos que el ejército de los colonos españoles reprimía con saña, pero no sin esfuerzo. Es así que en 1632 el cacique Chemilyin pone sitio a ciudades importantes de La Rioja desviando el curso vital de los ríos, y pone cerco a la ciudad de Londres, llamada así en homenaje a la esposa de Felipe II, que era inglesa. Son historias lejanas, que se hablan con nombres extraños y pronunciados en otros idiomas.

Pero el secreto de la historia, es que siempre es lejana hasta que un hecho de sangre acerca todo un material que parecía perdido para alimentar una acostumbrada brutalidad, que es milenaria y es también de nuestros días. Cristián Ferreyra habla de las modernas luchas por la tierra y habla también de luchas muy antiguas. No es necesario que imaginemos un pasado pulcro e incontaminado. La guerra y la violencia imperaban entre etnias cercanas, que podían unirse con el español o aliarse contra él. Por eso, sin una noción de lejanía indiscernible y heterogeneidad sorprendente no nos podremos hacer cargo de esa historia. Y debemos hacernos cargo hoy en un sentido reivindicativo respecto a la justa tenencia de las tierras campesinas, el respeto de los bosques y la crítica a una expansión agraria a fuego y escopeta.

Sabemos que esa historia llega hasta nosotros, pero no llega de cualquier manera, sino a través de muchos cortes, disoluciones y desvíos. Llega a través de un hilo frágil e impuro, porque no es una historia de purezas ni de identidades contundentes. Pero llega de una forma dramática cuando ocurre un asesinato, y vuelven nombres que los siglos parecían haber acallado. Son campesinos que tienen su tierra amenazada. Son los campesinos en los que resta aún un filamento étnico muy antiguo. Surge el nombre de la etnia lule, vinculada ahora al moderno problema de las tierras. Son nombres que reaparecen cuando actúan el capanga, la policía rural dominada por las peores lógicas de los empresarios, pequeños o grandes de la tierra, vinculados a una irresponsable clase política; son nombres de pueblos y de lenguas muchas veces extinguidas, o con pobres vestigios que llegaron hasta nosotros, como los sanavirones, los tonicotes, los diaguitas, que en muchos casos conocían rudimentos de metalurgia, como parte de la gran civilización del maíz y del zapallo, del algarrobo y del chañar.

Algunas de ellas son palabras legadas por estas culturas, otras provienen del nombre que le sobrepuso el idioma que hablamos a otros idiomas que se han perdido, pero vuelven a tocar nuestras puertas con un mensaje inequívoco, donde pueblos antiguos que se llamaban de modos que hoy ya no son audibles, vuelven por lo suyo bajo una denominación genérica que estamos en condiciones de comprender muy bien. Porque es el pueblo argentino, hecho de la fusión de miles de otros pueblos, y que se elige ahora con ese nombre también para señalar que la expresión pueblo argentino, entre tantas otras significaciones, es un resumen de tareas pendientes, reformas sociales profundas, esperanzas en una nueva sociedad.

Tiene que ser en esta época y no en una próxima estación nebulosa e indeterminada, que se solucione el problema de tierras en la Argentina y que se consideren los planes agroalimentarios no como sinónimo de desbaratamiento de los montes sino de soberanía alimentaria. Es un problema multisecular, que queda en penumbras hasta que un asesinato lo ilumina. Del mismo modo, el asesinato de Mariano Ferreyra iluminó como una chispa al costado de las vías, la realidad oscura de la tercerización. La superposición de nombres es casual, la acumulación histórica de los problemas no lo es.

En ciertos aspectos, muchas comunidades campesinas del país son ahora contemporáneas de los encomenderos, de la mita y del yanaconazgo. Pero también son contemporáneas de las grandes utopías arcaicas, como el regreso al ayllu, a la Nación Calchaquí o el Reino de los Quilmes, que forman parte de un lenguaje posible pero quizás reacio a ver las grandes herencias de injusticia reparadas a la luz de los que les debe ahora la nación moderna. No obstante, hay que decir que la expansión de la frontera sojera no es sólo una forma de la economía sino también puede ser en estos casos la expansión de la propiedad por la sangre.

La avidez de un capitalismo depredador, la irresponsabilidad de inescrupulosos empresarios que siquiera son grandes propietarios, vive su medioevo de conquista con esbirros que eligen el camino del victimario porque saben que ellos son también víctimas potenciales. El gran capitalismo agropecuario tiene su mirada en la Bolsa de Chicago, en las operaciones políticas de gran escala, en los secretos de los gabinetes químicos que perfeccionan la semilla transgénica, nuevo padrenuestro de una teología que sin tener santidad tiene a Monsanto, mientras empresarios voraces, pioneros cautivos de un clima de mercantilización de todas las relaciones humanas, se comportan como forajidos de frontera, escapados de otra época, pero tiñendo de una agria tintura este momento histórico que aunque les es heterogéneo, caen en la incongruencia de querer apropiarlo.

Cada vez que recibimos noticias infaustas, como la muerte de un miembro de la etnia Qom, de las muertes del Parque Indoamericano o las que corresponden al Ingenio Ledesma, parecen hojas lejanas de periódicos escritos por un alucinado que equivocó la periodicidad histórica. Pero no, son hechos que oscurecen nuestro presente, este mismo presente promisorio, con una lógica única e implacable: son una estructura de procedimientos insociales. Corresponden a una epistemología completa de negocios que mantiene cerrado el acceso democrático y posible a la tierra tanto rural como urbana, que comienza con genéricos intereses que podrán hablar de “sociedad del conocimiento” o “biocombustibles” mientras una disputa por 17 hectáreas de una empresa que posee 160 mil, causa tres muertes. Recordemos aquella ocasión: murieron dos ocupantes de tierras, uno de ellos apellidado Farfán y un policía, también Farfán, sin parentesco con el anterior. Hay una doble certeza aquí. Primero, la insensibilidad de los nuevos y grandes negocios que han tomado a la vieja industria de la caña de azúcar, que es un caso que tiene diferencias con la soja, pero muchas semejanzas, generando un capitalismo que fabrica combustibles con lo que anteriormente se producían materias primas alimenticias, que en el aspecto de las relaciones laborales reitera muchas conductas de la época de Patrón Costas. Y segundo, que las luchas por la tierra, tan viejas como la historia de la humanidad, enfrenta a pobladores con policías patronales, en escaramuzas lamentablemente muy frecuentes, donde mueren los hijos de la tierra, extrañados de ella ya sea porque son expulsados por los sicarios de la nueva renta agraria en complicidad con jueces o mandos policiales y políticos, o porque deben vestir el uniforme de los que son enviados a la primera fila de la represión. De allí que los más viejos apellidos de la historia de estas tierras puedan llegar a matarse entre sí, como parte de una oscura astucia de la razón capitalista.

Debe darse fin a esta situación con una nueva ley de tierras ecuánime y democrática, que las mida con los teodolitos de la justicia social, esos mismos teodolitos que empleó el ingeniero Raúl Sacalabrini Ortiz y más atrás en el tiempo, el ingeniero Germán Ave Lallemant, ingenieros sociales y medidores de tierras al servicio de los pueblos. Una ley que frene la especulación, reconozca los derechos de los antiguos pobladores y cree una nueva conciencia colectiva respecto a una productividad que se equilibre con la naturaleza y no que la deprede sistemáticamente. No es aceptable que crímenes que ya asumen un carácter serial, no tengan adecuado tratamiento por el hecho de que en su ramificación ostensible, afecten a miembros de las clases políticas que mientras juegan con ademanes clientelistas, con una prestidigitación complementaria, protegen los grandes o medianos negocios con las brigadas policiales que deberían cuidar el usufructo equitativo de la tierra.

Ya muchas organizaciones sociales, políticas y de derechos humanos, como el Cels, el Movimiento Evita y La Cámpora se han pronunciado. Las muertes que puntúan este período político, más dolorosas porque son en éste y no en otro, son alusiones de sangre a problemas irresueltos de la misma estructura histórica de este pedazo universal de tierra que llamamos Argentina. Algunos son problemas recientes, como los que provinieron del desguace ferroviario y la conversión en vidas precarias de miles de trabajadores que comenzaron a llamarse precarizados. La Argentina no puede ser un país que fabrique vidas precarias mientras habla de nuevas posibilidades tecnológicas.

Otros problemas tienen una complejidad propia de la escena que sabemos interpretar y festejar como propia de un horizonte nuevo. Los dilemas entre la gestión de Aerolíneas, que apoyamos, y la acción de estamentos laborales cristalizados, es un tipo de conflicto nuevo que debe contar también con nuevas definiciones. El ámbito que afirma y acoge hoy a millones de esperanzas en el cambio debe llevar a una sociedad más justa y despojada de sus viejas ataduras de coerción, que también tiene su correlato en toda clase de trabazones mentales.

No es fácil darle nombre al tipo de sociedad que queremos, y ciertamente, ese nombre nuevo aparecerá cuando se pronuncie colectivamente, en el interior de la conciencia de miles y miles de personas, y en el interior de un gran autodescubrimiento colectivo. Por el momento, tenemos que pensar que cada uno de estos conflictos dirige nuestra atención a cuestiones urgentes: a darle facultad soberana territorial a los movimientos sociales que expresan viejas reivindicaciones campesinas, alargando la mirada sobre los problemas de subsistencia de poblaciones enteras cuando la lógica del agronegocio no tiene contenciones; y por otro lado, a crear un horizonte político que con más sabiduría pueda intervenir en conflictos como el de Aerolíneas, donde viejas fuerzas reaccionarias siguen al acecho, esperando demostrar que una generación nueva no es apta para gestionar en altos niveles de responsabilidad política y tecnológica. Pero esa capacidad ya ha sido demostrada, ahora hay que demostrar entre todos que cuando decimos que hay cosas que faltan, no sólo se trata de problemas conocidos o deducibles de lo que quedó pendiente de un trayecto anterior. Lo que falta no es un problema de restas y sumas, sino de imaginación política. Son problemas que muchas veces no tienen definición adecuada en nuestro lenguaje y que no se descubren tan magnánimamente ante nuestra supuesta destreza política. Son problemas que aparecen muchas veces, desdichadamente, bajo el rostro del asesinato social, comprimidos en los pliegues históricos mal ensamblados del país, como placas tectónicas que se desacomodan y que apenas nos dejan ver un hecho de sangre, que significa mucho más que la crónica policial con la que muchos intentan encubrirlo.

Al principio de la esperanza no lo asegura ninguna ley ni está escrito con marcas de hierro por la historia. Vive apenas en la imaginación colectiva y es frágil, aunque cuando se reconoce en millones tiene la fuerza de un llamado. A partir de allí comienza la política, dándole a la gestión y a las tecnologías las virtudes de un frente social novedoso que las recubra con los contenidos de eticidad de las democracias avanzadas, y si estas definiciones sirven, será para poder pensar e inscribir en nuestra esperanza de cambio, tanto a la defensa de la empresa pública de aeronavegación como a los condenados de la tierra.

21 de noviembre de 2011


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domingo, 17 de julio de 2011

CONMEMORACIÓN A 87 AÑOS DE LA MASACRE DE NAPALPÍ / 19 de julio/

19 DE JULIO DE 1924 - 2011
CONMEMORACIÓN A 87 AÑOS DE LA MASACRE DE NAPALPÍ
a 144km de Resistencia, Chaco.
Napalpi, hoy es conocido como Colonia Aborigen Chaco

Melitona Enrique: Testimonio de la última sobreviviente de la masacre de Napalpí, 
Este video fue realizado por Departamento de Cine y Espacio Audiovisual
el 15 de enero de 2008, un día antes del cumpleaños de Melitona Enrique. 

La Reducción Napalpí fue fundada en 1911, por el Gobierno Nacional.
Su objetivo era concentrar a los indigenas en pequeñas reservas y dejar liberadas las grandes extensiones de tierra para la Colonización.
A principios de la década del 20, en pleno auge algodonero, los indigenas se negaron a seguir siendo explotados en las cosechas.
Familias enteras eran obligadas a trabajar en durisimas condiciones, de sol a sol, mal alimentados y sin descanso,
Los inidgenas se organizaron tratando de recuperar sus costumbres, que estaban prohibidas por los Administradoes, y al mismo tiempo protestar contra las condiciones de trabajo.
Querían recuperar sus ritos religiosos, sobre todo los cantos y las danzas tradicionales, en los que agradecían a la Naturaleza y a la Vida.
Los terratenientes se quejaron a Fernando Centeno, Gobernador del Territorio. Querían recuperar su mano de obra barata, a cualquier precio.
En la mañana del 19 de Julio, fueron enviados grupos de policías del territorio nacional, con la orden de aniquilar a "los sublevados"
Mas de 100 policias, armados con carabinas Mauser, dispararon contra niños, ancianos y mujeres indefensos.
Murieron mas de 500 personas, principalmente Mocoví y Qom
Uno de sus lideres, el cacique Pedro Maidana fue torturado salvajamente. Algunos de los muertos fueron incinerados y otros fueron enterrados en fosas comunes. Se estima que lograron escapar 38 niños. La mitad fueron entregados como sirvientes en Quitilipi y Machagai, mientras el resto murió en el camino...La persecución a los que habían logrado escapar al monte duró meses. La orden: no dejar testigos.
En el año 2004, el Pueblo Qom inició una demanda al estado nacional por esta 
Masacre, en la que exigen justicia.
El estado nacional rechazó la demanda, y continua indiferente.
Sus familiares aún no pueden honrar a las victimas, que siguen siendo NN.
En cambio, el estado de la provincia del Chaco, en enero de 2008,  reconoció públicamente la Masacre de Napalpí. El gobernador Jorge Capitanich pidió perdon a los pueblos originarios. 


Las disculpas no alcanzan ante tanto dolor...
Por Maxo.Ari
Prensa Libre Pueblos Originarios.
Así como el genocidio perpetuado contra nuestros pueblos originarios en la mal llamada "Campaña del Desierto", en estos territorios colmados de cultura y pobladores, efectuada por el asesino serial Julio A. Roca, Ministro de Guerra del entonces presidente Nicolás Avellaneda, que durante los años 1878 -1879 llevó a cabo dicha campaña, por la cual tuvo como objetivo principal exterminar a los seres humanos para apoderarse de sus tierras. Todo indica que esta terrible modalidad parece ser una práctica de los estados totalitarios contra sus habitantes, doblegandolos por la persecución y silenciarlos con derramamiento de sangre.

Otro de los métodos fue la agrupación de las comunidades originarias en reducciones, limitándolas en espacios geográficos reducidos, para luego utilizar a sus habitantes como mano de obra esclava, en favor de los terratenientes quienes eran los nuevos propietarios de manera fraudulenta de las tierras robadas a los verdaderos dueños de las tierras. La Reducción Napalpí fue una de estas reducciones, creada en la provincia del Chaco en 1911 por el Gobierno Nacional de Roque Sáenz Peña, y sus habitantes eran utilizados y explotados en la producción algodonera para levantar la cosecha.
Este violación a los derechos humanos es constante y naturalizado entre los terratenientes y los gobernantes. Ante el constante atropello patronal, el malestar venía creciendo, y algunos meses antes de esta Masacre comenzaron los reclamos, el dialogo fue imposible, y los obreros, en su mayoría originarios comenzaron una  huelga
En otra provincia vecina el trabajo era mejor pago  y decidieron emigrar para conseguir alguna mejora...
"En la mañana del 19 de julio de 1924, 130 policías y un grupo de civiles partieron desde Quitilipi hasta Napalpí, a 144 kilómetros de Resistencia, Chaco. El historiador Favio Echarri reseñó que el entonces gobernador del territorio chaqueño, Fernando Centeno, había ordenado: "Procedan con rigor para con los sublevados". Según datos de la Red de Comunicación Indígena, durante 45 minutos la policía descargó más de 5 mil balas de fusil sobre la reducción de Napalpí, palabra qom que paradójicamente significa "lugar de los muertos".

Esta conmemoración a 87 años de esta Masacre, denunciamos estos crímenes como de lesa humanidad, que no prescriben. Ayer, hoy, los mismos intereses mezquinos, ayer... hoy, la misma injusticia

Por Maxo.Ari
Prensa Libre Pueblos Originarios.